Reflexión

La belleza del silencio

Preservar el silencio en tiempos de ruido

Diana Milena Báez

Diana Milena Báez

Periodista y fundadora de Mírame Barichara

El silencio es un bien y una necesidad que en estos tiempos se ha vuelto un verdadero privilegio. Poder vivir en un lugar tranquilo, apartado del ruido permanente y el caos que genera la contaminación auditiva, se ha convertido en un lujo que es cada vez es más escaso y más necesario para el bienestar general.

Barichara nos ofrece ese privilegio. La posibilidad de habitar un espacio donde la calma aún existe y donde el ritmo de la vida no está marcado por el constante agite y ruido que causa vivir, sino por la tranquilidad, la luz, el viento y el paso sereno de los días.

Aquí el silencio no es vacío, ni ausencia, mucho menos aburrimiento. En Barichara el silencio tiene presencia. Vive en el paisaje y en el diario transcurrir de quienes lo habitamos. Permite escuchar el canto de los pájaros, percibir la lentitud del paso del tiempo, atender nuestros propios pensamientos y sentir el ritmo de la vida pausada. Es un silencio que acompaña, que cobija, que acoge y rige la vida de quien lo aprecie, practique y aplique.

Así como debemos cuidar el agua, el paisaje, la naturaleza y el patrimonio tangible e intangible, el silencio merece ser reconocido como uno de los recursos más valiosos que tiene este pueblo. Hace parte esencial de su identidad. Es algo más que complementa el paisaje y es una condición que sostiene la experiencia misma de vivir aquí. Barichara no sería Barichara sin esa atmósfera de calma que lo distingue y lo vuelve un refugio que se acerca mucho al lugar ideal para vivir.

Muchos llegamos aquí huyendo del ruido permanente, del caos y el bullicio de las ciudades. Barichara nos ofreció una forma agradable y tranquila de estar en el mundo. Con más calma, más lenta, más consciente, más interior. Nos regaló un espacio propicio para la introspección, la reflexión y el encuentro con uno mismo. El silencio, la paz y la quietud se convirtieron en aliados para una vida más plena, más conectada con lo esencial.

La contaminación auditiva no es compañía. No realza la belleza del lugar, no lo hace más atractivo ni más vivo. Por el contrario, lo altera, lo hiere y lo afea.

Convertir a Barichara en un lugar ruidoso y que no respeta el silencio es quitarle gran parte de lo único y auténtico que la caracteriza. El ruido no suma y sí borra, desfigura y empobrece la experiencia de disfrutar del lugar.

En Barichara se respira en calma. Se disfruta ese silencio tan agradable que acompaña el día y la noche. Un silencio que hace valorar y amar aún más este paraíso. Un silencio que inspira a crear, a trabajar, a vivir escuchando los sonidos de la naturaleza, el viento mover las hojas de los árboles, en un murmullo que a veces se asemeja al sonido del mar, un viento que habla y es tan agradable escuchar. Es el silencio que acompaña las caminatas por el pueblo a cualquier hora del día, por los caminos que llevan a las veredas y que está presente en el transcurrir cotidiano que hace de este lugar algo tan amañador y tan especial.

Cuidar el silencio

Cuidar el silencio se expresa en actos y gestos tan sencillos y simples pero poderosos. Cómo mantener un volumen moderado de la música que se oye en la casa, en las conversaciones que tenemos a un tono moderado y sin gritos, en las reuniones familiares y fiestas que celebramos que deben ser tranquilas porque hay que considerar el descanso y la tranquilidad del otro. En el paso del transporte público que no debe llevar la música a todo volumen. No todo debe ser anunciado con ruido, la vida se vive mejor en la calma y el sosiego.

El silencio, el paisaje inmenso, el sol radiante, el cielo azul y el buen tiempo crean en Barichara una combinación perfecta. Preservarla es responsabilidad de quienes la habitamos y de quienes la visitan. Habitar este pueblo es aprender a escucharlo y para escucharlo basta con guardar, proteger y valorar el silencio.