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El reto pendiente, garantizar el agua en Barichara

Diana Milena Báez

Diana Milena Báez

Periodista y escritora

Cada 22 de marzo el mundo conmemora el Día Mundial del Agua. Aquí, en cambio, no hace falta recordarlo.

Arroyo rodeado de vegetación verde exuberante con papiros, helechos y plantas tropicales

Imagen de la Quebrada Barichara, la cual es una de las soluciones para abastecer a Barichara de agua

Cada 22 de marzo, el mundo conmemora el Día Mundial del Agua. Se habla de su cuidado, de su valor, de su fragilidad. Aquí, en cambio, no hace falta recordarlo: el agua es una conversación diaria, una preocupación constante, una presencia intermitente.

Durante demasiados años quienes habitan Barichara han aprendido a vivir entre la previsión y la incertidumbre. Almacenar, racionar, esperar. Abrir una llave sin la certeza de que el agua estará ahí. Adaptar la vida a un recurso que debería ser básico, garantizado, suficiente. Y, sin embargo, no lo es.

Pequeña cascada sobre rocas oscuras con hojas caídas, agua cristalina en movimiento

El problema no es nuevo. Es estructural. Ha atravesado generaciones, administraciones y discursos. Se ha nombrado muchas veces, pero no se ha resuelto. Y mientras tanto, el territorio cambia.

Barichara crece.

Cada vez llegan más personas a vivir al pueblo y a sus veredas. Nuevas dinámicas, nuevas demandas, nuevas presiones sobre un sistema que desde hace tiempo no responde a las necesidades existentes. El crecimiento no es el problema en sí mismo, pero sí lo es cuando no viene acompañado de planificación, infraestructura y garantías básicas.

Capullos secos con gotas de agua cristalina colgando, fondo verde neblinoso

Porque el agua no da espera.

Quienes vivimos aquí lo sabemos y, en muchos casos, hemos asumido una responsabilidad consciente: reciclamos, cuidamos, reducimos el consumo, buscamos formas de proteger el recurso. Hay un esfuerzo cotidiano, silencioso, por hacer las cosas mejor. Pero no es suficiente.

No puede ser responsabilidad exclusiva de los habitantes adaptarse indefinidamente a la precariedad. No cuando lo que está en juego es un derecho fundamental.

Hoy la preocupación es más profunda: no solo por la escasez, sino por la calidad del agua, por la frecuencia con la que llega, por las condiciones en las que se distribuye. No se trata solo de tener agua, sino de tenerla en condiciones dignas, constantes y seguras. Y eso aún no ocurre.

El Día Mundial del Agua debería ser, más que una conmemoración, un punto de inflexión. Una oportunidad para que las autoridades locales, departamentales y nacionales asuman con seriedad una problemática que no admite más esperas y promesas.

Porque el tiempo ya pasó. Porque las décadas ya pesan. Porque la paciencia de un pueblo no puede seguir siendo el recurso invisible que sostiene la inacción.

Garantizar el acceso al agua en Barichara no es una aspiración: es una obligación. Es una decisión que requiere voluntad política, inversión, planificación y, sobre todo, compromiso real con el territorio y su gente.

Barichara ha sabido cuidar su belleza, su historia, su identidad. Pero ningún patrimonio se sostiene si lo esencial falla. El agua no puede seguir siendo una promesa de campañas electorales.

Barichara no necesita aprender a vivir con la escasez. Necesita, con urgencia, que el agua deje de faltar.