La pausa de las doce
Cada día entre el calor y el silencio, Barichara se recoge para descansar.
La pausa diaria que Barichara hace por dos horas todos los días.
A las 12 en punto la vida en el pueblo se detiene para un descanso de lunes a viernes sagradamente. Tiendas, almacenes y otros comercios cierran sus puertas, solo los restaurantes y una o dos panaderías y cafés permanecen abiertos, todos hacen esta pausa que es costumbre y tradición en muchos pueblos de Colombia y Barichara no es la excepción.

A esta hora todo ocurre puertas adentro
Es un descanso en la hora que el calor no invita a moverse y sí a recogerse para almorzar, ver televisión y hacer la necesaria y saludable siesta. Las puertas y ventanas de las casas se cierran completamente. Algunas quedan entreabiertas y dejan oír sonidos bajos de platos, cubiertos, conversaciones tranquilas o las voces de las pantallas con noticias y música.
Algunos se quedan quietos, dejando que el tiempo pase sin ninguna exigencia y sosteniendo ese tiempo sin afán que no busca salir a la calle sino acompañar esas horas necesarias para el descanso y recargar fuerzas para a las 2 en punto volver la vida a retomar.
Es una pausa compartida, aunque cada quien la viva a su manera, durante este tiempo Barichara solo baja el ritmo del quehacer y esta acostumbrada pausa transcurre sin prisa y sin novedad. El pueblo se recoge como si entendiera algo que en otros lugares se ha olvidado; que el día también necesita detenerse para poder continuar.
Más tarde, cuando el sol no ha dejado de calentar las puertas vuelven a abrirse. Las calles recuperan su movimiento. La vida sigue. Pero algo de esa pausa permanece. Quizás en el cuerpo. Quizás en la forma en que el tiempo vuelve a ponerse en marcha.
Quizás en la certeza, aunque sea momentánea, de que no todo tiene que ocurrir de forma continua y hay que llevar la vida pausada…
Por: Diana Milena Báez
Periodista y escritora