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Mírame Pregunta · Mayo 2026

Joe Brewer

Mírame conversó con Joe Brewer, cofundador de la Escuela de Diseño para Regenerar la Tierra (Design School for Regenerating Earth) y del ecosistema de aprendizaje Sueños del Bosque, quien habló sobre los proyectos que viene desarrollando y apoyando durante los seis años y medio que lleva radicado en Barichara.

Por: Diana Milena Báez

¿Cuántos años lleva viviendo en Barichara y qué lo trajo a estas tierras?

J.B. Llevo seis años y medio viviendo aquí. Llegué a Barichara con un propósito dividido en dos partes, y hasta hoy sigo trabajando en ambas.

La primera tiene que ver con mi hija. Quería encontrar una comunidad donde pudiera crecer vinculada a procesos comunitarios, conectada con la naturaleza y rodeada de personas comprometidas con la recuperación de ecosistemas y las economías regenerativas.

La segunda está relacionada con mi misión de vida: cómo regenerar el planeta a través de una red de acciones y comunidades locales. Vi en Barichara un territorio con características muy especiales para convertirse en un piloto de economía regenerativa. Es un pueblo patrimonio que conserva oficios ancestrales como la cerámica, los textiles y las técnicas tradicionales de construcción. Además, al ser un lugar más pequeño y relativamente aislado, conserva una fuerte identidad cultural y una gran capacidad de autonomía local.

Cuando llegué en 2019, el primer lugar donde trabajé fue el Bioparque Móncora, apoyando procesos comunitarios con niños para cultivar, proteger y comprender el Bosque Seco Tropical, que es el ecosistema propio de este territorio.

Allí encontré la posibilidad de materializar una visión: crear un Centro de Aprendizaje Bioregional capaz de tejer y conectar los distintos procesos regenerativos del territorio. Con el Fondo de Regeneración Barichara y un consejo conformado por representantes de quince procesos locales, hemos impulsado proyectos, movilizado recursos y fortalecido iniciativas como el Bioparque Móncora y la reserva Origen del Agua, en la vereda El Caucho.

¿Cuándo nació Sueños del Bosque?

J.B. Sueños del Bosque nació en enero de 2024. Empezó como una escuela inspirada en la metodología Waldorf, con un enfoque holístico y regenerativo para niños.

Hoy tenemos un jardín para niños entre los 4 y 6 años, y también un programa de primaria llamado Guardianes del Bosque, dirigido a niños entre 7 y 10 años. Nuestro propósito es acompañar el desarrollo integral de los niños: sus capacidades emocionales, sociales y su conexión con la naturaleza.

También buscamos integrarlos con procesos concretos del territorio, como la recuperación de la Quebrada Barichara, el fortalecimiento de los oficios locales, el Cinturón Verde de Barichara y los proyectos de reforestación.

Además, fundé un fondo de educación regenerativa que moviliza recursos para apoyar no solo procesos educativos, sino también iniciativas de comunicación y aprendizaje colectivo. A través de Historias Regenerativas hacemos visibles las experiencias de regeneradores locales y promovemos una forma de educación para adultos.

También hemos apoyado FloreSeremos, un programa comunitario en escuelas públicas de Barichara enfocado en el desarrollo emocional y la conciencia ecológica. Este año estamos avanzando además con programas de huertas escolares.

¿De dónde surge el nombre Sueños del Bosque?

J.B. El nombre no hace referencia únicamente al Bosque Seco Tropical de Barichara. Habla de cualquier bosque y funciona como una metáfora en doble vía.

Por un lado, nos preguntamos: ¿qué sueña un bosque? Tal vez sueña con agua limpia, con pájaros, con humanos que sean guardianes y no destructores.

Por otro lado, también habla de los sueños humanos hacia los bosques. Cada persona puede imaginar una relación distinta con la naturaleza. Un niño sueña un bosque de una forma; un adulto, de otra.

El nombre busca integrar el pensamiento y el corazón humano con los bosques reales. Sueños del Bosque trabaja tanto con niños como con adultos. También estamos formando maestros y desarrollando pedagogías regenerativas con la intención de llevar estos procesos a otros territorios.

¿Qué otros proyectos viene desarrollando actualmente?

J.B. Estamos creando un Centro de Aprendizaje Bioregional Norte Andino. La región necesita este tipo de procesos por su complejidad geológica, hídrica, ecológica y cultural.

Sueños del Bosque es apenas una semilla dentro de algo mucho más grande: un proceso orientado a comprender profundamente los conocimientos y dinámicas propias de cada territorio.

Por eso trabajamos tan enfocados en el Bosque Seco Tropical de Barichara, que es completamente distinto a otros ecosistemas. También ponemos especial atención en la infancia, aunque sabemos que en el futuro debemos integrar muchos otros aspectos. Ya estamos viendo los efectos del cambio climático y la destrucción de ecosistemas. Todo esto nos impulsa a seguir aprendiendo y construyendo este centro de aprendizaje, que nació en Barichara pero que esperamos proyectar hacia otras regiones del país.

En sus palabras, ¿qué es una bioregión?

J.B. Una bioregión es la geografía de un sistema vivo. Incluye la geología, el clima, la ecología y también la cultura humana vinculada a ese territorio.

Es una forma de comprender cómo los seres humanos hacemos parte del ecosistema y cómo nuestras formas de vida deben responder a las características naturales del lugar donde habitamos.

¿Por qué considera que la región andina necesita nuevos modelos de desarrollo y no solo proyectos ambientales aislados?

J.B. Porque la naturaleza no funciona de forma aislada. Todo está conectado. El agua, por ejemplo, conecta absolutamente todo.

Hoy estamos viendo hacia dónde nos conduce el modelo actual: más destrucción de ecosistemas, más contaminación, más desconexión con la naturaleza y más ignorancia sobre nuestra relación con ella.

Colombia tiene grandes fortalezas en conservación biológica, conocimiento científico y saberes ancestrales indígenas y campesinos. El problema es que esos conocimientos no están bien integrados dentro de un modelo de desarrollo coherente. Necesitamos cambiar de camino y construir una educación conectada con la realidad planetaria que estamos viviendo.

¿Cuál es la diferencia entre sostenibilidad y bioregeneración?

J.B. La sostenibilidad, en teoría, debería significar la capacidad de mantener sistemas vivos saludables y regenerativos. Pero hoy muchas veces se entiende desde una visión donde el ser humano sigue separado de la naturaleza.

Se ha convertido en una palabra muy ligada al mercado, a la tecnología y al consumo.

El bioregionalismo, en cambio, parte de una mirada holística: reconoce que el universo está vivo y que nosotros hacemos parte de esa vida.

¿Cómo puede una comunidad empezar a regenerar su territorio desde acciones pequeñas y cotidianas?

J.B. Lo primero es cultivar sensibilidad y conciencia. Entender que no solo "hacemos" regeneración, sino que somos parte de ella.

Mi primera acción regenerativa en Barichara fue muy sencilla: ir al Bioparque con una pala y una pica durante la temporada de lluvias para abrir canales que permitieran llevar el agua hacia los árboles. Observé que el agua estaba erosionando senderos y desperdiciándose, mientras los árboles la necesitaban. Todo comienza por observar, sensibilizarse y actuar.

¿Qué aprendizajes ha encontrado trabajando con comunidades rurales de Colombia?

J.B. He aprendido que muchas comunidades campesinas son profundamente pragmáticas. No confían fácilmente en las palabras ni en los discursos académicos; quieren ver hechos concretos.

Si una acción funciona, la comunidad lo observa y empieza a confiar. Pero si alguien llega solo con teoría, certificados o discursos, no ocurre nada. El gran aprendizaje es: hacerlo y demostrarlo. Todo está en el hacer.

¿Cómo se puede integrar el conocimiento ancestral, campesino e indígena con la ciencia moderna?

J.B. Todos esos conocimientos tienen un enorme valor. La pregunta verdadera es: ¿dónde se integran?

Los pueblos indígenas poseen una sabiduría profunda; los campesinos entienden las dinámicas de la naturaleza porque viven conectados a ella; y la ciencia moderna puede aportar herramientas nuevas. Pero tiene que existir un propósito común y un lugar concreto donde esos saberes se encuentren. Un río, por ejemplo, puede convertirse en ese punto de integración.

¿Qué errores suelen cometer los proyectos ambientales tradicionales?

J.B. El problema no son únicamente los proyectos, sino una visión del mundo que no valora realmente la naturaleza.

Vivimos bajo una filosofía donde pareciera que el planeta solo tiene valor si puede comprarse o venderse. Por eso muchas veces hay recursos para explotar, pero no para regenerar.

Otro error es intentar controlar sistemas complejos. La naturaleza no se controla. Se acompaña, se guía, se apoya. El mundo no es una máquina.

¿Cómo imagina la región norte andina en 20 o 30 años si este proceso logra consolidarse?

J.B. Imagino una economía mucho más local y regional, menos dependiente del sistema global.

Veo comunidades capaces de generar sus propios recursos, cuidar sus conocimientos y relacionarse de forma respetuosa con sus ecosistemas.

¿Qué oportunidades tiene Santander dentro de esta visión bioregional?

J.B. Santander ocupa un lugar estratégico dentro de la región. Barichara, por ejemplo, ha sido históricamente un territorio de encuentro entre culturas y caminos ancestrales.

Existe aquí una memoria profunda de intercambio, tránsito y conexión que puede convertirse en una gran fortaleza para el futuro.

¿Qué tipo de economía puede surgir alrededor de la regeneración territorial?

J.B. El bosque también es economía.

De él obtenemos materiales para construir viviendas, fibras para textiles, plantas medicinales, alimentos y hábitats para otras especies. Cada ecosistema puede inspirar una economía propia. Aquí necesitamos pensar en una economía vinculada al Bosque Seco Tropical.

¿Cómo se conecta la regeneración ecológica con la salud emocional y social?

J.B. La regeneración también es bienestar.

No podemos estar bien emocionalmente si respiramos aire contaminado, consumimos agua contaminada o vivimos en entornos degradados. La paz, el bienestar humano y la regeneración ecológica están profundamente conectados.

¿Qué rol tienen los niños y jóvenes dentro de esta transformación?

J.B. Hay muchos, pero mencionaría tres.

Primero: ellos son el futuro, y necesitamos procesos intergeneracionales que continúen después de nosotros.

Segundo: si solo trabajamos con adultos, dejamos fuera a la mitad de la comunidad. La familia debe ser el punto de partida.

Y tercero: los niños tienen una enorme capacidad para enseñarnos a los adultos.

¿Qué le da esperanza hoy?

J.B. Los niños.

También sentarme en el bosque, escuchar una cascada, observar una mariposa o un pájaro. La esperanza nace de sentirme plenamente presente con la vida.

¿Qué ha cambiado en usted personalmente al dedicar su vida a la regeneración?

J.B. Todo.

En mi infancia me sentía desconectado, sin raíces. Con el tiempo comprendí que mi hogar es el planeta. Cuando llegué al Bioparque en Barichara, con una pala y una pica, sentí que la tierra me recibía como una madre. Allí comprendí quién era y dónde pertenecía.

¿Qué sueña para las próximas generaciones de esta región andina?

J.B. La región Norte Andina tiene tesoros únicos para el mundo: páramos, plantas medicinales, saberes ancestrales y una enorme diversidad ecológica y cultural.

Sueño con que las próximas generaciones aprendan a reconocer esa belleza y se conviertan en guardianes de esa sabiduría.

¿Algo más que quiera agregar?

J.B. Que el hecho de ser extranjero no significa que no sea humano ni parte de este planeta.

“Vecino, mírame a la cara y mira la tuya: somos humanos.”

— Joe Brewer

Barichara, Santander — Mírame Barichara