Crónica de una experiencia
Los domingos de Silvia Daniela
Una tienda, una familia y un nombre que guarda una historia.
Por: Diana Báez

Es domingo y amanece con ese aire fresco que dejan las lluvias de la noche. Pienso que me gustaría salir de Barichara, cambiar de paisaje, caminar un rato y regalarme una mañana diferente.
Hace unas semanas descubrí un lugar que me dejó con ganas de volver. Una tienda ubicada a la orilla de la carretera destapada que comunica a Barichara con Villanueva, exactamente a mitad de camino entre los dos pueblos. Allí disfruté de uno de esos desayunos que permanecen en la memoria mucho después de haber terminado el último bocado.

Recuerdo un jugo de naranja recién preparado, una porción de fruta madura y dulce, un chocolate espeso y natural —quizás el más delicioso que he probado en mucho tiempo— y unos huevos fritos servidos sobre un waffle elaborado con la misma mezcla que da vida al tradicional Pandebono. Sabores sencillos y únicos que bastaron para dejarme con ganas de volver.

Con ese recuerdo en mente, decido regresar. Es temprano. La mañana invita a caminar y el trayecto parece perfecto para hacerlo. Tomo el camino que atraviesa la vereda El Caucho. Aunque la vía no está pavimentada, los vehículos transitan sin problema y quienes prefieren caminar pueden hacerlo tranquilamente. Gran parte del recorrido es plano y está rodeado de naturaleza, árboles y fincas que hacen que el tiempo pase sin darse cuenta.

Después de una hora y quince minutos llego a mi destino. La tienda Silvia Daniela ya tiene varias mesas ocupadas. Sobre ellas aparecen los mismos desayunos que me trajeron de vuelta hasta aquí.

A mi saludo responden con una sonrisa Heidi Meneses Ballesteros y Jorge Leonardo Jiménez, quienes se encuentran detrás del mostrador preparando pedidos. Son la pareja que cada domingo recibe a quienes llegan desde Barichara, Villanueva y otros lugares cercanos para comenzar el día con una buena comida y una conversación amable.
La tienda abrió sus puertas hace cinco años y funciona como un verdadero negocio familiar. Entre sus estantes se encuentran víveres, productos de aseo, bebidas, licores, frutas de temporada, artesanías, café, chocolate traído desde San Vicente de Chucurí y productos elaborados por campesinos y emprendedores de la región.

También comercializan Café La Esmeralda, su propia marca de café, la miel producida por Diana Ballesteros y las mermeladas artesanales de Martha Parra. Más que una tienda, el lugar se ha convertido en una vitrina para que pequeños productores locales puedan ofrecer lo que cultivan o elaboran con sus propias manos.
Los fines de semana el movimiento aumenta. Entre las ocho y las once de la mañana sirven desayunos en un amplio espacio al aire libre rodeado por el paisaje de la vereda. Hay huevos al gusto, con champiñones, fritos o revueltos; tamales, jugos naturales y los ya conocidos waffles de Pandemono, acompañados de fruta fresca y bebida caliente.

Mientras conversamos, aparece una figura conocida por muchos habitantes de Barichara: Heriberto Meneses, padre de Heidi y reconocido picapedrero que dedicó más de tres décadas de su vida al trabajo de la piedra. Muchos conocen alguna de sus obras sin saberlo. Entre ellas está la banca de piedra donde se encuentra sentado Belisario Betancur en el parque principal de Barichara. Durante 33 años trabajó la piedra, elaborando bancas, pilas, fuentes, mesones, morteros, vírgenes, enchapes y otras piezas que aún hoy realiza por encargo.

Junto a ellos está Gabriel Ramírez, el hombre detrás de Pandemono. Gabriel llegó a Barichara hace 23 años, pero su historia comenzó mucho antes en Antioquia.
“Me trajo la violencia. Tenía una finca y quedé en medio de enfrentamientos entre guerrilla y paramilitares. Me tocó salir.”
Después de trabajar durante dos años en Bucaramanga llegó a Barichara y encontró algo que hacía mucho tiempo había perdido: tranquilidad. Fue en Barichara donde comenzó a interesarse por la cocina y la panadería. Ese interés lo llevó a estudiar en Argentina y Francia, experiencias que terminaron dando forma a lo que hoy es su proyecto de vida.
Pandemono nació hace doce años. Su producto más conocido es el Pandebono, aunque también prepara tortas de zanahoria, chocolate y una particular torta de Pandebono que cuenta con numerosos seguidores.
“En mi casa me dicen ‘Mono’ y como hago pan, de ahí salió el nombre.”

Durante un año y medio tuvo abierto un local en el casco urbano de Barichara. Sin embargo, decidió cerrarlo para concentrarse en la producción por encargo desde la vereda El Caucho. Ahora sus Pandebonos también se venden crudos, listos para preparar en horno, waflera o sartén. Cada fin de semana acompaña a la familia Meneses en la tienda Silvia Daniela, donde hornea los waffles que se han convertido en una de las razones para emprender el viaje hasta este lugar.
La mañana avanza. Llegan más visitantes. Algunas personas llegan en carro, otras en moto y varias, como yo, caminando desde Barichara. Poco a poco la vereda El Caucho se convierte en parte de la experiencia. Entre pedidos, conversaciones y sonrisas pregunto finalmente por qué la tienda lleva el nombre de Silvia Daniela.

La respuesta trae un silencio inesperado a la mesa. Es Heidi quien responde. Silvia Daniela era su hermana. Falleció hace diez años a causa de un cáncer cuando apenas tenía 17 años. Cuando la familia decidió abrir la tienda quiso que su nombre permaneciera vivo. Por eso la llamaron Silvia Daniela. A la entrada hay una piedra tallada con su nombre y la figura de un ángel. Es una manera sencilla y profunda de recordarla cada día.
Mientras Heidi comparte la historia, el silencio se instala por unos momentos alrededor de la mesa. Entonces resulta imposible no comprender que este lugar es mucho más que una tienda. Es el resultado del esfuerzo de una familia que transformó el dolor en memoria, que decidió honrar a quien ya no está construyendo un espacio para recibir a otros.
Quizás por eso la gente vuelve. Por los desayunos, por el paisaje, por los waffles de Pandemono o por la caminata entre Barichara y Villanueva. Pero también porque en lugares como este todavía es posible encontrar algo que cada vez parece más escaso: personas que trabajan juntas, apoyan a sus vecinos y construyen comunidad alrededor de una mesa compartida. Personas del campo que han decidido quedarse, creer en su territorio y emprender desde él, demostrando que también es posible construir futuro allí donde están sus raíces.

Cómo llegar
Vereda El Caucho, carretera destapada Barichara–Villanueva, a 3.5 kilómetros de Barichara.
Desayunos los fines de semana de 8:00 a.m. a 11:00 a.m. Tienda abierta todos los días.
Heriberto Meneses: 312 403 53 23
Gabriel Ramírez (pedidos Pandemono): 312 240 38 20